Lo que creo que soy, lo que los demás creen que soy y lo que realmente soy

Muchos de los elementos que definen nuestra personalidad son intencionados y premeditados. Tanto los rasgos prosódicos de la locución (como la manera de hablar) hasta la comunicación no verbal como la expresión corporal o la ropa que llevamos. Sin embargo, hay otros que no hemos podido elegir como son nuestra edad, estatura, color de los ojos... La suma de todos estos elementos, conscientes o inconscientes, forman nuestra identidad, aquello que realmente somos. El otro día en clase de Antropología, con Don Eduardo Terrasa, comentábamos que el hombre es único a la hora de "crear"  nuestra narración personal para formar así nuestro ser y nuestro yo de la mejor manera posible, orientada hacia "la vida lograda", como diría Alejandro Llano. La palabra identidad procede del latín idem ("lo mismo"), probablemente asociado con identidem ("una y otra vez"). Y es que una de las características de la imagen es que se construye al impactar una y otra vez. Hace dos días lo comentábamos también en nuestro post El nacimiento de las marcas y su situación actual.

Exponíamos que en Estados Unidos, el número de exposiciones publicitarias a las que está "sometido" el ciudadano asciende a más de 2 mil. En España, esa cifra no llega a tanto pero sí que supera los mil impactos.

¿Qué es lo que consigue eso? Nuestra identidad transmite información a los que tenemos alrededor. Y la impresión que causamos es lo que llamamos imagen. Estos conceptos, como hemos visto, son aplicables a las personas pero también a las empresas y a sus respectivas marcas. Algunas personas han llevado esta afirmación hasta las últimas consecuencias, haciendo de su nombre su propia marca. Tommy Hilfiger, Giorgio Armani, Calvin Klein, Paco Rabanne, Ralph Lauren... han sabido cuidar la identidad y transmitir la imagen de su marca como si de su propia persona se tratara.

Mucha gente cree que la identidad corporativa es un simple eslogan, un montón de logos, símbolos, colores, tipografías, y muebles de oficina. Y lo es. Pero también es muchas cosas más. La identidad de una empresa va más allá. Es su razón de ser, sus objetivos primordiales, sus raíces, su fuerza, su debilidad. También es su gente, las personas que la forman, su audiencia a la que van dirigidos. Abarca desde sus inicios hasta el último contacto comunicacional que haya tenido con su público. Poseer una imagen positiva es uno de los intangibles más importantes de una empresa. Una compañía con una fuerte identidad tiene una base sólida sobre la que se podrá construir su comunicación publicitaria y comercial, multiplicando su poder y fortaleciendo la imagen de marca indispensable para asegurar su existencia. Sin comunicación no te conocen. Si no te conocen no existes. Si no existes, no tienes éxito. Así pues, una buena comunicación corporativa podríamos decir que es uno de los pilares que fundamentan la empresa. Y todo lo relativo a la empresa ha de servir para reafirmar su identidad.