Encontrarás dragones, análisis del fracaso de un éxito

El nombre de Roland Joffé quedó en la memoria de los aficionados al cine por los dos primeros largometrajes de su filmografía, Los gritos del silencio de 1984 y La misión de 1986. Después de aquel brillante comienzo, Joffé dirigió ocho películas más, entre ellas, tres de ambiente histórico. Por tanto, no supone una sorpresa ver como su reciente obra, Encontrarás dragones, tiene como escenario la Guerra Civil Española. Roberto (Dougray Scott), es un escritor que quiere escribir un libro sobre el fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, debido a que el Vaticano va a comenzar el proceso de su beatificación. Necesita datos y sabe que su padre (Manolo) -con el que está enemistado- y Josemaría, eran amigos de infancia. De forma magistral se nos van presentando las diferencias que hay entre cada uno de los caracteres, totalmente opuestos, y se van alternando escenas de lo que les va pasando a cada uno de ellos, dando lugar a una apasionante película ageográfica.

Una de las claves de esta película son las dos líneas argumentales que hay en ella: por un lado la relación de los personajes entre ellos; y por otro, la evolución de la Guerra Civil Española vivida por Josemaría y por Manolo. Al contrario de lo que mucha gente dice, Encontrarás dragones no es una película sobre San Josemaría, sino que hay dos protagonistas, Josemaría y Manolo. A Joffé le gusta contar historias a pares, no focalizar la historia en un solo personaje, igual que hizo en su día en La misión, con Jeremy Irons y Robert de Niro. Mientras que un personaje vendría a ser lo que comúnmente se denomina como “antihéroe”, se presenta paralelamente otro personaje que encarna unos valores ético-morales que hace progresar la narración.

Lo que está claro es que se quería una película sobre San Josemaría. Para ello, se crearon dos personajes paralelos para así poder concentrar todo lo hollywoodense y atractivo en uno de ellos (guerra, bombas, una historia de amor, etc.) y por contraste exaltar la figura del héroe como persona en el otro personaje (Josemaría). Para ello hay que mostrar cómo el “héroe” de la película ha sorteado obstáculos, lo que en esta película vendría a ser Manolo. Lo que se escribe para el mundo y lo que el mundo nos exige son historias, historias con personajes con los cuales podamos identificarnos. En Encontrarás dragones, identificarte con Manolo es difícil, porque es un personaje muy cerrado, le falta una base firme y necesita principios. Josemaría, sin embargo, concentra todos esos principios morales que resultan tan atractivos y con los que queremos identificarnos. Como dice Robert McKee, “necesitamos verdaderas sátiras y tragedias, dramas y comedias que iluminen los oscuros rincones de la mente humana y de la sociedad”.

Conforme va desencadenándose la acción en la película, vemos que los dos personajes se separan y siguen vidas separadas: Manolo se integra en una columna republicana como espía para el bando franquista y Josemaría prosigue su camino hacia la búsqueda de la verdad, fundando el Opus Dei. A pesar de diversos enfrentamientos que tienen los personajes a lo largo de la película, Manolo interviene al final de ella evitando la muerte de su antiguo amigo cuando éste intenta cruzar la frontera con Andorra atravesando los Pirineos. Sin embargo, esta inesperada “acción generosa” o “cambio de actitud” ha suscitado muchas críticas por parte de la prensa. ¿Ha sido únicamente una muletilla para darle ese toque hollywoodense que tanto gusta a los americanos –el antihéroe arrepentido y que busca redimirse- o es meramente una pieza más de esa maquinaria que hace progresar el guión?

De igual modo, resulta bastante incoherente el hecho de que Manolo, a pesar de haber estado enamorado de Endiko, le cargue la mochila con la máquina de escribir que podría delatarle; o también que la mate al final de la película. ¿Por qué le apunta con el arma? ¿La mata para librarse de ella, ya que es la única que podría delatarle como el verdadero traidor; o  la mata para darle así lo único que no ha podido darle en toda la película? La única conclusión coherente podría ser al argumento de que “ya que va a morir, la mato yo y la libero del infierno que lleva”. De todas formas, todos estos saltos de guión, junto con el hecho de ser una película ageográfica, es lo que ha generado en su mayor parte las críticas.

Todos estos detalles -la sublime caracterización de los personajes, la perfecta ambientación de la Guerra Civil Española, el toque moral de fondo que supone el perdón a lo largo de la película (por ejemplo al perdonar Roberto a su padre llamándole Papá; o al perdonar Josemaría a Manolo cuando está en el lecho de muerte, en ese supuesto milagro)- hacen merecer a esta película pasar a la colección de Grandes Éxitos de Joffé, no únicamente por el hecho de que es una película de la cual sales maravillado, sino por haberse sabido contar esa historia que merecía la pena narrar y que el mundo deseaba conocer.