Encontrando el amor y el sentido del trabajo

Mi fin humano, allí donde mi vida florece porque está realizando su operación más propia, es la contemplación de la verdad. Pero se ha de subrayar que no se trata de una actividad puramente intelectual. Porque lo que constituye la meta del ser humano es una contemplación de la verdad efectivamente amorosa. Si hay algo claro en esta vida es que no se puede ser feliz estando solo: hay que amar y darse a los demás. Las personas capaces de salir fuera de sí, quienes mayor capacidad tienen para querer y ser queridos son los fiables, congruentes y sólidos. La confianza se inspira sin pretenderlo. Y quien inspira confianza tiende a ser seguido por los demás: estamos ante lo que hoy se llama un líder.

Pedro Salinas dice en uno de sus versos: ¡qué dicha da vivir sintiéndose vivido! En efecto, cuando alguien se siente querido y feliz por tener la sensación de que va por el buen camino, esa persona produce y rinde más. De nuevo, no solo en el ámbito profesional sino también en la vida personal: es capaz de amar, de querer a sus familiares y amigos; de escuchar a sus congéneres; de ir siempre con una sonrisa animando y haciendo más agradable la vida a los demás; etc.

Vivir en el amor no es tarea fácil: requiere el ejercicio de todas las virtudes y requiere ser capaz de hacer frente e integrar el dolor en la felicidad y de ser capaz de esforzarte y no rendirte en tu camino hacia una vida lograda. Si sumamos toda esa serie de cuestiones éticas, sólo entonces, es cuando se llega y cuando es más fácil vivir en el amor. La práctica de la virtud crea un tipo de vida armonioso y estable, con satisfacciones del más alto nivel. Ahora bien, cuando hablamos de satisfacciones no nos referimos a satisfacciones placenteras o materiales, sino aquellas que están dentro de ti, como sentirte bien contigo mismo por hacer las cosas bien hechas o ser feliz por sentirte amado. Por eso, la persona que ha sido capaz de canalizar todas esas virtudes y cuestiones éticas hasta el punto de saber amar es capaz de tener muchos y buenos amigos, ya que tiene el alma grande, y eso repercute en el trabajo y en la vida cotidiana.

Por eso, las personas desocupadas no se sienten satisfechas, ya que no hacen ningún tipo de trabajo, el cual, por muy duro que sea, al realizarse bien produce satisfacción. El desocupado se siente inútil, y por el hecho de no tener nada que hacer, considera que su vida carece de sentido. Del mismo modo, es un medio grato que le permite disculparse ante sí mismo de todos sus fracasos en la vida y no hay nada peor que no asustarse ante el fracaso. Si buscas excusas, estás cometiendo un engaño contra ti mismo y contra tu dignidad. Justificar nuestros errores en la vida con burdas y meras excusas lleva a caer en un engaño y a aceptar la mentira, como decíamos antes. Creen que nadie puede exigirles nada y como resultado ellos tampoco se exigen a si mismos, provocando un circulo vicioso en el cual se adentran, eximiendo su vida de toda responsabilidad.

Ahora bien, también están los que al contrario: a pesar de vivir en unas condiciones económicas no muy favorables, saben llevar esa realidad con un sano optimismo, en cierto sentido. Estas gentes saben encontrar otras ocupaciones fuera del área puramente profesional, trabajando por ejemplo de manera voluntaria en organizaciones u hospitales. Saben emplear racionalmente el tiempo excesivo de que disponen y dan, con ello, una plenitud de contenido a su conciencia, a su tiempo y a su vida. Han comprendido que el sentido de la vida no se reduce, en modo alguno, únicamente al trabajo profesional. Esa falsa concepción de que lo único que da sentido a la vida es el trabajo profesional es lo que ha hecho apáticos y a conseguido que muchas personas se olviden de que también hay un sentido personal de la vida, donde también se forja la personalidad, el carácter y el ser de cada persona. No sólo da plenitud el trabajo profesional, sino también el desarrollo personal, y por mucho que hayamos hecho, no debemos darnos por contentos con lo ya alcanzado, ni en los valores profesionales ni en los personales; cada día, cada hora, plantea la necesidad de nuevos hechos y abre la posibilidad de nuevas vivencias.

No hay ni que confiarse al ver que tu vida está bien encaminada, ni tirar la toalla cuando las cosas van mal. Hay que aspirar a lo inalcanzable, y solo se puede viviendo una vida basada en el esfuerzo y siendo constante en el amor.