El ser simpático como método de acercamiento personal y profesional

Empatía
Empatía

La empatía. Primera regla de las relaciones públicas. Si no consigues mantener una empatía con una persona, olvídate de realizar cualquier tipo de trato con ella.

Técnicamente podríamos decir que la empatía es la capacidad que tiene el ser humano para conectarse a otra persona y responder adecuadamente a las necesidades del otro, a compartir sus sentimientos e ideas de tal manera que logra que el otro se sienta muy bien con él. En otras palabras: la empatía es “ponerse en los zapatos de otra persona”, pero sin cambiar tu propia identidad.

Algunas recomendaciones para obtener empatía

Todo el mundo sabe acerca de las dificultades para escuchar. La escucha y, en general, la observación son mucho más difíciles que la propia expresión, de aquí que se requieran mayores esfuerzos y más tiempo para observar y escuchar que hablar, de hecho, está científicamente probado que la atención de los seres humanos hacia alguna cosa dura exactamente 30 segundos, pasados los cuales, el cerebro humano simplemente desconecta (ver  “Como convencer en 30 segundos”).

El mensaje consta, como vimos, de dos partes: qué decimos y cómo lo decimos. Sincronizar el vocabulario y la forma de expresarse es el primer paso, hacer lo propio con el paralenguaje (volumen, tono, etc. de la voz) y la expresión no verbal es el segundo.

Tras la empatía debe encontrarse una actitud sincera de aceptar al otro. Sin este requisito ninguna técnica funcionará.

Para empezar, utilizaremos la terminología del otro. Un sencillo ejemplo: supongamos que estás manteniendo una agradable conversación con alguien que utiliza palabras y expresiones radicalmente opuestas a las suyas (un  peruano, mejicano…), pronto se dará cuenta que empleará accidentalmente palabras que nunca antes había usado, como celular en vez de móvil o manejar en vez de conducir.

Segundo, deberemos observar si nuestra velocidad de hablar es más o menos lenta que la del contario, ya que si hablamos más rápido que nuestros interlocutores les estamos provocando nerviosismo, mientras que si lo hacemos más lentamente quizás seremos interpretados como personas con falta de energía y generaremos ansiedad.

Abrazo empático
Abrazo empático

Finalmente, debemos sincronizarnos con el lenguaje del cuerpo, el vestir y las posturas, todo ello sin convertirnos en una imitación excesiva, ya que estamos tratando de compartir, de llegar al otro, no simplemente de copiar. Un claro ejemplo de esto son las entrevistas: en una entrevista con Julio Fernández, presidente de Filmax Entertainment, él me ofreció un café -el cuál rechacé para no abusar-  pero a pesar de eso, él pidió dos y sin embargo no tocó el suyo. ¿Una tontería? En absoluto. Eso era un ejemplo de empatizar con la otra persona, para así conseguir que la otra se sienta más a gusto y cómoda y poder mantener una mejor conversación con ella.

Posiblemente ya poseas alguna de estas habilidades, puesto que son de cultura común, simplemente no has reparado en ellas como tales.