¿Valores o Poder? El Padrino: Evolución de Michael Corleone a partir de los finales

Michael Corleone
Michael Corleone

Muchas son las criticas hacia la última película de la saga, El Padrino: Parte III, pero la cuestión es que no pretendía ser una película de innovación, sino de conmemoración. No pretendía originalidad sino culminar, pero no con un final que incitase a añadir otra película más de la saga, sino con una película que sintetizase y redondease toda la acción vivida por Michael Corleone, una culminación de sucesos ya logrados (no crear nuevos sucesos).

En contraste al tono conspiratorio que dominó las dos primeras películas, el carácter de la Parte III del Padrino es confesional, y su principal asunto y preocupación es el deseo de Michael por redimirse, lejos del deseo de otro triunfo sobre sus enemigos. La película representa una expansión significativa de los parámetros morales de sus predecesores hacia una dimensión espiritual.

Los finales de las películas de la saga del Padrino resaltan de manera especial el personaje de Michael Corleone y dan unos sutiles indicios de cómo va a plantearse su evolución a lo largo de la saga.

En la escena final de la primera película se ve a Michael, sólo, en su despacho, al tiempo que tres caballeros elegantes, vestidos con traje,  se le acercan y le besan las manos. Uno de ellos pronuncia en tono solemne “Don Corleone” mientras que otro le cierra la puerta a Kay -que se había ido a preparar unas tazas de té- en las narices. Este final magistral denota dos cosas: por un lado, que el poder de Michael como capo de los Corleone va a estar afianzado (poco antes, en la famosa escena del bautismo, se ve como los secuaces de Michael se van cargando uno por uno a todos los líderes de las demás familias mafiosas, mientras Michael está en el bautismo de su ahijado, de un modo completamente hipócrita); y por otro que, al contrario que Don Vito, para el cual la familia era un valor de extrema importancia, para Michael estará alejada de los motivos por los que actúa, ya que sus acciones no serán realizadas con ese motivo de fondo que es protegerles, sino con un afán de poder.

El final de la segunda película es algo más trágico que el de la primera: vemos un primer plano de él, sentado en un jardín, mientras un zoom nos acerca su rostro hasta enfocarle sólo los ojos, la nariz y la boca. Se le ve pensativo. ¿Qué demuestra éste final? Es un reflejo del pensamiento de sus actos, se le ve cavilando, como si estuviera preguntándose qué es lo que ha hecho, apenas unos minutos después de que diese la orden de matar a su hermano Fredo. Esa escena presupone lo que va a suceder en la tercera película, una película que se caracterizará por su afán de redimirse, por su arrepentimiento de las acciones que cometió en el pasado, en especial la del asesinato de su hermano Fredo.

Michael Corleone 2
Michael Corleone 2

Sin embargo, por mucho que las críticas hayan dejado claro que El Padrino III es una sencilla continuación de las otras dos, esta es la que presenta el final más sublime en su conjunto. Michael está en su peor momento, busca redimirse y no sabe cómo. Se empieza a arrepentir de todo y, en el momento en que matan a su hija, no ve la muerte de ella sino la muerte de un ser amado. Muere el más inocente de todos los personajes. De ahí el espectacular grito de Michael: no grita únicamente por la muerte de su hija, sino por la suya propia, se da cuenta de todas las barbaridades que ha hecho. Con la muerte de ella ha muerto también todo ápice de redención en él.

Después del grito, se ve como se queda atontado, sin fuerzas, se tienen que acercar para zarandearle de lo abobado que se había quedado, un símbolo de que ya no puede más, parece que se le hayan quitado todas las ganas de vivir. Se ha dado cuenta de toda la verdad de su vida. Como diría Alejandro Llano, profesor de la Universidad de Navarra y filósofo, la muerte es el único momento en el que la verdad aparece sin ambages.

Poco a poco se va fusionando esa imagen de la familia Corleone -en las escaleras del exterior del teatro- con una secuencia de escenas, las cuales parecen ser por un instante los mejores momentos de Michael (aparece bailando con su hija; luego con Appalonia, su primera esposa; y luego con Kay) pero que sin embargo representa a las tres mujeres que Michael ha ido perdiendo progresivamente a lo largo de cada parte de la trilogía.

Esta secuencia de imágenes realza la trágica ironía de la vida de Michael: cuanto más intentaba completar su obligación con sus seres queridos, más se alejaba de ellos, perdiéndolos para siempre.

Posteriormente, se le ve a él, viejo y cansado, con un perro, sentado en el porche de lo que parece ser una gran mansión, mientras suena una música de fondo de Piotro Mascani. Se pone las gafas de sol y, apenas unos segundos más tarde, muere cayendo al suelo, levantando una pequeña nube de polvo.

Mc3

Si comparamos la muerte de Michael con la de Don Vito, podemos observar cómo Vito muere  en un huerto florecido acompañado de un miembro de su familia, su nieto, mientras que Michael muere solo, en un terreno seco, pero con una gran mansión de fondo, que demuestra que mientras a Vito le importaba la familia, a Michael solo le importaba el poder.

“Adiós viejo amigo, podía haber vivido más... todos le querían Don Tomassino. Mientras a mí me temían, a usted le amaban. No lo entiendo, yo era un hombre honrado, quería hacer el bien... ¿Qué me traicionó mi mente y mi corazón? ¿Por qué me he condenado así? Juro por la vida de mis hijos, dame una oportunidad para redimirme y jamás volveré a pecar, jamás”.