¿Es el placer sinónimo de felicidad?

No hay que confundir el placer con la felicidad. Del mismo modo que un borracho no encuentra su felicidad en una botella, no hemos de encontrarla nosotros en los placeres banales, aquellos que surgen fruto de una necesidad. Por ejemplo, ¿es una persona alcohólica feliz? El hecho de beber le da placer, pero es un placer por necesidad, necesita ingerir alcohol para sentirse bien, y en eso no radica el verdadero sentido de la felicidad.

¿Ser feliz a cambio de aceptar la mentira? Muchos de los alcohólicos beben para olvidar o para dulcificar sus penas, cuando de ningún modo consigues vivir una vida plena dándole la espalda a la realidad, y de ningún modo eres feliz a cambio de aceptar la mentira. Citando a Alejandro Llano, “no toleraría pasar una vida placentera que luego resultara ser un largo sueño”. A mí tampoco me gustaría de ninguna manera vivir toda una vida anestesiado, con un umbral de conciencia que me permitiera disfrutar de sofisticados placeres. Hay gente que vive aletargada, dedicando inmensas cantidades de tiempo, sin ir más lejos, al ocio. Traducido en términos antropológicos y empresariales, esto vendría a significar que estaríamos dedicando una cantidad de tiempo a algo no productivo. El coste de oportunidad sería destinar ese tiempo a algo que sí que te aportase algo, en vez de algo no útil como puede ser el ocio.

Y hay que afrontar esas verdades, esas realidades. Hay que mirarlas a la cara y darte cuenta de que no es la mejor forma de hacer, no estás forjándote ni en el ser ni en lo profesional. Cuando te das cuenta de tus errores y de que has obrado mal y decides rectificar (o cuando tienes algún problema y sabes superarlo), allí es cuando verdaderamente el hombre realiza un acto de valentía.