El panorama actual de la marca. Tendencias de marketing

En esta última década ha habido una tendencia creciente a adaptar los precios en función de la disponibilidad a pagar en el mercado. Los estándares de calidad cada vez se rigen menos por el precio, y hoy en día, debido a la diversificación del comportamiento de los consumidores, hay cada vez más gente rica que busca lo barato en lugar de lo caro.

Si hacemos una aproximación semiótica de la marca, podemos observar algunas tendencias para situarla.

En primer lugar, está habiendo un incremento cuantitativo y cualitativo de la oferta: la gente cada vez dispone de más y mejores productos entre los que elegir. Antaño, solo tenían una opción de compra, mientras que ahora hay decenas de productos que te sirven para resolver la misma necesidad.

Además, al haber tanta oferta, los consumidores tendemos a exigir más al mercado. El alza constante del nivel de vida de los ciudadanos y la evolución de las expectativas hace que el mercado esté provocando una saturación progresiva de los mercados, donde los fabricantes tienen que innovar para sorprender al consumidor con mejores productos.

Ahora bien: el hecho de que haya más y mejores productos, hace que haya más marcas que también hablen de esos productos, por lo que los discursos de las marcas intentan buscar un elemento diferencial que las diferencie del resto, consiguiendo captar así la atención con formas más novedosas y no tan “típicas”. Como dice Semprini, experto en marcas, está habiendo una polución mediática.

Por otra parte, fruto de la creciente oferta y demanda, se está fraguando desde hace varias décadas una tendencia a la desmaterialización de los productos. Cuando hablamos de desmaterialización nos referimos a dos cosas: por una parte a un encogimiento físico de los productos (disminución de su peso, talla y volumen), desde los iPod hasta los botes de lejía; y por otra la pérdida de sustancia que sufren los productos, es decir, la eliminación progresiva de sus componentes (menos calorías, menos azúcares, etc.). Esto es causado debido a la necesidad de los productores a crear nuevos productos para la audiencia.

En síntesis: estamos en un mercado donde la gente tiene más y mejores productos que nunca entre los que elegir, por lo que como resultado exigimos también más que nunca, poniendo a los fabricantes contra las cuerdas y en una situación en la que tienen que innovar para sobrevivir. Sin embargo, esa innovación no es sinónimo de éxito puesto que todas las marcas hacen lo mismo y venden el mismo discurso a los consumidores.

Si además añadimos la diversificación actual de los comportamientos sociales y de los comportamientos de los consumidores, los cuales son cada vez menos previsibles, provoca en conjunto que las marcas necesiten dar un nuevo peso simbólico a sus productos, de forma que consigan crear lazos emocionales con el consumidor.