Marketing experiencial: El caso de Cocacola Zero

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A finales de los años 80, deja de existir el concepto único de producto, y se agrega el concepto de ideas. Todos los bienes y servicios se rodean de productos intangibles: asociación a cosas y símbolos.

Casi cualquier producto es una mezcla de productos tangibles con productos intangibles. Aparece el concepto de oferta, en el que se integra todos los elementos que configuran el producto: lo que dice la pasta de dientes con la salud, la posibilidad de interactuar (teléfono de atención al cliente, etc).

Adam Smith decía que lo único interesante del producto es el consumo: cumplen expectativas, satisfacen necesidades, etc, por lo que la idea de oferta se maneja con un concepto: los productos se gestionan como experiencias. Todas las ofertas se gestionan desde la perspectiva de la experiencia: la expresión de las cosas aprensibles, sensoriales, visuales, todo aquello que se hace perceptible con fuerza a través de los sentidos.

Toda marca trabaja con mercados de experiencias, puesto que lo esencial es el recuerdo, que te acuerdes de la experiencia, y por tanto del producto.

Pasar de la economía de los bienes tangibles a la economía de experiencias implica un cambio a la fabricación de experiencias de consumo, donde lo clave no es que algo sea útil sino que sea memorable.

Philip Kotler afirma: “En un futuro todas las ofertas se rodearían de elementos de comunicación y experiencias”.

De nuevo tomamos a CocaCola como referencia. Un buen ejemplo de marketing experiencial es este spot de cocacola zero, que implica a los consumidores en una especie de "test a ciegas" donde pueden comprobar que el sabor de la cocacola zero no es distinto al de la Cocacola original.

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