La fractura social española: las clases sociales y la inmigración

La inmigración en nuestro país ha ido creciendo de una manera considerable. Para empezar, podemos destacar dos grupos de personas: los inmigrantes que venían a nuestro país a trabajar, y por otra parte aquellos inmigrantes que venían a estacionarse en nuestro país. Los primeros se integraron bien porque venían a trabajar, pero los segundos vinieron aprovechando los planes de reagrupación familiar y no han hecho el menor esfuerzo. Al contario, nos están llevando aceleradamente a la existencia de núcleos suburbanos multiculturales que suponen una mutación antropológica gigantesca. La gestión de las diferencias culturales, del islam y de los rezos por la calle o incluso de los derechos fundamentales de las mujeres no puede ser puesta en duda por los progres de ciudad y su entusiasta discurso sobre las sociedades abiertas.

La realidad española podría desembocar en una crisis identitaria como la de otros países europeos. No solamente cabe mencionar la situación actual entre las comunidades autónomas de Cataluña y el País Vasco, cuya principal obsesión consiste en lograr una independencia fiscal e identitaria; sino que también está cobrando una significativa importancia la cuestión de las clases sociales en el contexto de nuestra ciudadanía.

España está asistiendo al hundimiento de su clase media y a una fractura entre las categorías superiores que se hallan en sintonía con la globalización y una sociedad multicultural para la cual nadie está preparada. Contra todo eso, tal y como afirma Cristophe Guilluy, las soluciones no son tanto políticas sino de sentido común. Ya sea desde la derecha o desde la izquierda, se trata simplemente de buscar unas reglas y un equilibrio social para que todos podamos vivir en paz en una sociedad desestructurada que no se parece en nada a las que habíamos conocido, sin la aparición de guetos marginales y sin poner en escena la cuestión de nacionalidades.