Reflexiones

La fractura social española: las clases sociales y la inmigración

La inmigración en nuestro país ha ido creciendo de una manera considerable. Para empezar, podemos destacar dos grupos de personas: los inmigrantes que venían a nuestro país a trabajar, y por otra parte aquellos inmigrantes que venían a estacionarse en nuestro país. Los primeros se integraron bien porque venían a trabajar, pero los segundos vinieron aprovechando los planes de reagrupación familiar y no han hecho el menor esfuerzo. Al contario, nos están llevando aceleradamente a la existencia de núcleos suburbanos multiculturales que suponen una mutación antropológica gigantesca. La gestión de las diferencias culturales, del islam y de los rezos por la calle o incluso de los derechos fundamentales de las mujeres no puede ser puesta en duda por los progres de ciudad y su entusiasta discurso sobre las sociedades abiertas.

La realidad española podría desembocar en una crisis identitaria como la de otros países europeos. No solamente cabe mencionar la situación actual entre las comunidades autónomas de Cataluña y el País Vasco, cuya principal obsesión consiste en lograr una independencia fiscal e identitaria; sino que también está cobrando una significativa importancia la cuestión de las clases sociales en el contexto de nuestra ciudadanía.

España está asistiendo al hundimiento de su clase media y a una fractura entre las categorías superiores que se hallan en sintonía con la globalización y una sociedad multicultural para la cual nadie está preparada. Contra todo eso, tal y como afirma Cristophe Guilluy, las soluciones no son tanto políticas sino de sentido común. Ya sea desde la derecha o desde la izquierda, se trata simplemente de buscar unas reglas y un equilibrio social para que todos podamos vivir en paz en una sociedad desestructurada que no se parece en nada a las que habíamos conocido, sin la aparición de guetos marginales y sin poner en escena la cuestión de nacionalidades.

¿Decir que todos actuamos por nuestra felicidad es decir que todos actuamos egoístamente?

Esta es una de las críticas que Kant hacía del planteamiento de Aristóteles. Kant decía que el motivo de nuestros actos no puede ser la felicidad porque entonces sería egoísta. Por eso buscaba otro motivo de nuestros actos, al menos lo que concierne con el obrar moral, y llegó a que hay que aceptar que hablar de un obrar moral es hablar de un obrar como deber. ¿Decir que alguien es egoísta es calificarlo moralmente? Cuando decimos que alguien es egoísta lo hacemos con intención de censurarlo.

Lo que nos mueve a actuar es el bien, lo que deseamos, pero para que nos sea deseable tiene que resultarnos bueno. Ahora bien, que algo sea bien y sea motivador, significa que es bien para mí (de algún modo), es decir, que me beneficia. Un bien que sea solo y exclusivamente de otros, y no sea mío de algún modo, ni si quiera puedo captarlo como bien, sino como cosa, porque no me resulta apetecible.

Solo captamos como bueno aquello que nos beneficia de algún modo y que es objeto de nuestro deseo.

Si todos obramos por nuestro bien, por nuestra felicidad, puesto que solo captamos como bueno algo que se relaciona con nuestra felicidad, entonces el egoísmo (si por ello lo entendemos como un calificativo moral y negativo) no puede ser definido como “obrar por el propio bien o la propia felicidad”, no puede consistir en eso. Si el egoísmo consistiera en eso, la palabra egoísmo no diría nada porque no establecería ninguna diferencia entre unos y otros, entre una acción y otra acción, y entonces sería un término innecesario.

El egoísta es aquel que hace de su bien propio un bien individual cuando podría hacer de su bien propio un bien común.

¿En dónde pone su bien propio? ¿Qué tipo de bien es su bien propio? Esa es la diferencia. El egoísta es aquel que tiene un bien propio como bien individual. Por ejemplo: en un equipo de futbol, aquel al que se le llama “chupón” y que quiere meter el gol él, y que por eso hemos perdido el partido, ese es un egoísta. En lugar de hacer propio un bien común, ha hecho propio un bien individual “llevarse el los méritos”. Todos hemos actuado por el bien propio, la diferencia está en donde ha estado el bien propio. En unos ha sido el bien común “la victoria del equipo”. En el egoísta, sin embargo, ha sido el bien individual, un bien no compartido.

¿Por qué es malo ser un egoísta? Porque generalmente no consigue que el equipo gane, sino que pierda. Por eso es un vicio porque no nos hace mejores para la acción, sino peores y menos idóneos.

Por otra parte, el egoísmo podemos relacionarlo plenamente con el ego. Como dice Francisco Alcaide, no hay que olvidar que el EGO (algo así como Edge God Out) es producto del miedo (miedo al fracaso, al ridículo, a no gustar...), y cuando desaparece el miedo, desaparece el EGO. No hay nada que temer porque no hay nada que perder. No hay que olvidar tampoco que si tú te idenficas con tu EGO (falso YO), y pierdes tus bienes materiales (lo que tengo), o tu trabajo (lo que hago), o tu reconocimiento social (lo que me valoran), entonces no te queda nada.

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Sustancia, fracaso y remate: las claves de un buen emprendedor

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Ser emprendedor es algo que hoy en día está de moda: “Soy emprendedor”, “Young Entrepreneur” etc., son algunas de las descripciones que mucha gente pone en sus perfiles de Twitter. El otro día comentaba cuales son los puntos que diferencian a un buen líder de alguien que quizá se queda únicamente en jefe. Como diría E.M.Kelly, “A boss says "Go", while a leaders says "Let's go”.

 Pues bien, ¿cuales son para mí las claves que diferencian a un verdadero emprendedor de otro?

Sustancia

Lo que diferencia a un buen cocinero de otro no es su mano en la cocina, sino su capacidad de elegir. Los buenos platos comienzan en el mercado. Igual que hay que saber cual es el pescado bueno del día o cual es la mejor fruta según la temporada, pasa lo mismo con los hombres: necesitamos una idea con sustancia que lo convierta en una GRAN idea. Solo podemos emprender con acierto si tenemos algo grande en la cabeza. Sin eso, ninguna iniciativa es valiosa, les falta sustancia.

Fracaso

Muchos queremos ser gente con sustancia para el cambio. Gente con ideas, y con el talento necesario para ponerlas en práctica, pero una buena iniciativa va acompañada del fracaso, van de la mano. Son difíciles de asimilar, hay mil trabas en el camino de un buen emprendedor, pero la realidad es que el éxito solo viene tras cosechar fracasos: convivir con el riesgo, aprender de los errores… Te vas a equivocar seguro, sin equivocación no hay acierto y hay que saber ver la forma positiva de ese fracaso para orientarlo a un mejor futuro.

“No me equivoqué mil veces para hacer una bombilla, sólo descubrí mil formas de cómo no hacer una bombilla”

T. Edison

Remate

Empezar de nada serviría si no se acaban y terminan las ideas. Hay muchas trabas en el camino. El peor enemigo de una buena idea es tener otra buena idea que te distraiga de la anterior, con el resultado de no terminar ninguna. Tener ideas es fácil. Llevarlas a la práctica hasta el final es difícil. Si no rematas no eres un buen emprendedor: no sabes iniciar si no sabes acabar.

Proyectos con sustancia, procesos superando los fracasos e ideas rematadas: las claves del buen emprendedor.